La carne alada, el pollo

Pollo fresco, pollo

 

¿Quién no ha comido pollo alguna vez? Se trata de una de las carnes más asequibles del mercado, ya no sólo por su precio, sino también por su sencilla obtención, además de ser muy versátil, ideal para elaborar infinidad de platos diferentes.

También es muy apreciado por ser un alimento sano y equilibrado para nuestro organismo, muy utilizado en dietas (sobre todo proteicas).

La edad en que se sacrifica supone una fase importante, ya que es uno de los factores –junto con el sexo del animal- que determina la calidad de la carne y parte de su contenido nutricional. Un ejemplo claro lo tenemos en el capón, un macho castrado y sobrealimentado que presenta gran cantidad de grasa entreverada, lo que hace su carne muy sabrosa.

También debemos tener muy en cuenta si a la hora de comprar pollo elegimos el de corral o el de granja. ¿Qué los diferencia?

Pues los pollos de granja son más baratos por tratarse de ejemplares criados masivamente, mientras que los de corral son alimentados con grano, lo que provoca que su carne sea mucho más sabrosa y con menos grasa.

PROPIEDADES NUTRICIONALES Y BENEFICIOSAS PARA EL ORGANISMO

Dependiendo de la pieza del pollo existen diferencias nutricionales, pero en general contienen proteínas, lípidos, minerales (calcio, fósforo, hierro, zinc, sodio y potasio), vitaminas A, B1, B2, B3, B15 y C y ácido fólico.

Por otro lado, si lo despiezamos:

  • La pechuga: si la tomamos  sin piel es muy baja en grasa (1%) y la parte con menos colesterol.
  • Los muslos: tienen menos proteínas que la pechuga y el triple de grasa.
  • Las vísceras: son cinco veces más grasas. De hecho, el hígado tiene nueve veces más contenido en colesterol que la pechuga.
  • La piel: es otro factor esencial en el valor nutritivo del pollo. Por ejemplo, 100 gramos con piel aportan 167 calorías, 9,7 gramos de grasa y 110 mg de colesterol, mientras que sin ella tiene 112 calorías, 2,8 gr. de grasa y 96 mg de colesterol.

Si analizamos bien sus propiedades, podemos decir que sus aportes proteicos son similares a los de la carne roja, aunque el pollo destaca por su alto contenido en vitamina B3 y ácido fólico, y posee mayores cantidades de hierro y zinc. Además las vísceras administran, aparte de importantes cantidades de colesterol, un aporte mineral y vitamínico altísimo, sobre todo en vitaminas A, C, B12 y ácido fólico.

Por todo ello, el pollo es muy recomendado para la producción y formación de hormonas y enzimas, así como para la reparación de los tejidos. También es muy útil en anemias o trastornos gástricos e intestinales. Asimismo, favorece el crecimiento y el desarrollo.

No es recomendable consumir pollo en dietas bajas en proteínas, en ácido úrico y purinas; además, para regímenes bajos en colesterol, es mejor prepararlo sin la piel. Los nutricionistas recomiendan no comer los menudos de pollo industriales, y menos el hígado, donde se deposita lo peor de su alimentación artificial.

Es nocivo también para enfermos renales graves.

FORMAS DE COCINAR EL POLLO

Hay cientos de miles de formas de cocinar la carne de pollo, ya sea entero, por piezas, frito, guisado, estofado, a la plancha, asado al horno, al grill, con espetón, al microondPollo cocinado, polloas, salteado,  hervido…

Además admite todo tipo de acompañamientos: verduras y hierbas aromáticas, escabechados y en adobo, patatas, frutas asadas, etc.

Si queremos hacer pollo al horno, es mejor escoger un ejemplar joven, mientras que si queremos cocinarlo en guiso o estofado son mejores los de mayor edad para conseguir ablandar su carne. En el caso de los caldos se suelen emplear las alas y la carcasa.

Uno de los platos estrella es la pechuga de pollo a la plancha. Básico, sencillo y muy sano, es un plato fundamental para hacer una dieta o para comidas y cenas. Si la troceamos podemos utilizarla en ensaladas o fajitas.

La piel, el cuello y los cuartos son perfectos para enriquecer caldos, y piezas como los muslos y las alitas son perfectas como tapas, fritas y a la barbacoa.

La carne de pollo se emplea además para elaborar productos más industriales, como salchichas cocidas, platos precocinados y congelados, hamburguesas, fiambres, patés, etc.

ALGUNOS CONSEJOS

Es muy importante que los consumidores tengan muy claro qué partes son mejores para cocinar un tipo de platos u otros, por lo que la elección en el mercado es primordial.

Por un lado podemos comprar los pollos enteros al natural en la pollería o preparados para cocinar, limpios, sin piel y con pocas vísceras (sólo la molleja, el corazón y el hígado). Por otro lado, podemos comprar las piezas por separado (pechuga, muslos, alitas), aunque se conservan peor.

El color del pollo debe ser uniforme, siempre entre blanco o ligeramente amarillento. La piel no debe ser pegajosa y los muslos deben estar bien provistos de carne. Si el pollo tiene manchas en la piel, la carne o el cuello, es indicativo de que la pieza no es fresca.

Si quieres que aguante más en la nevera, retírale el plástico y envuélvelo en papel de aluminio, que también ayuda a conservar el aroma. Si lo cocinamos podemos conservarlo en el refrigerador hasta cuatro días y si no se va a cocinar nada más comprarlo, congélalo.

Antes de cocinar un pollo, y una vez eviscerado, ha de lavarse interna y externamente con agua potable.

Si te gusta el pollo, entra en nuestro supermercado online, disfruta de la mejor calidad al mejor precio y cuéntanos tu plato estrella con esta deliciosa carne.

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